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La sociedad civil y la sociedad de la información: Participación en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la información

Valeria Betancourt, 12/14/2005

Introducción

El tema de la participación de la sociedad civil en la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) (1), suscita diversas reacciones. Varios argumentan que la presencia de las organizaciones civiles legitimó un proceso que ha sido criticado por su enfoque marcadamente tecnológico y mercantilista. Otros sostienen que su presencia ha sido necesaria para contrarrestrar ese enfoque y promover una mirada alternativa sobre la llamada sociedad de la información.

El involucramiento de las organizaciones de sociedad civil en la Cumbre ha sido tanto conflictivo como cooperativo. Sin embargo, es claro que su participación enriqueció el debate y puso sobre la mesa temas y enfoques que no hacían parte de la agenda oficial.

El propósito de este artículo es, por un lado, reflexionar sobre la participación de la sociedad civil en el proceso de discusión mundial que propuso la CMSI, con una mirada histórica sobre sus motivaciones y, por otro, señalar algunos de los principales desafíos que plantea el ser y concebirse como actor proactivo de la configuración de la sociedad de la información.

En teoría, la CMSI fue un proceso de discusión global auspiciado por Naciones Unidas y orientado a diseñar un marco global para la sociedad de la información que conjugue los intereses de los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil, los tres principales actores convocados al proceso. Gestionada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), se trató de la primera Cumbre de Naciones Unidas que incorporó al sector privado como un actor. Estos dos últimos hechos no son fortuitos y responden a factores históricos específicos, que se verán más adelante

La Cumbre, como es sabido, se efectuó en dos fases, Ginebra 2003 y Túnez 2005 y, con excepción de la decisión de crear un Foro de gobernanza de internet, en términos prácticos arrojó resultados modestos, por no decir nulos, en cuanto a definir acciones concretas para aprovechar el potencial de la información, la comunicación y las tecnologías de información y comunicación (TIC) para la reducción de la pobreza y el fortalecimiento de la democracia.

El proceso de la CMSI ha dejado mucho que desear no solo en cuanto a ofrecer soluciones prácticas, viables financiera y políticamente, para expandir los beneficios de la sociedad de la información a todos y todas y reducir la brecha digital, sino también en cuanto a la concreción del esquema multisectorial.

Las organizaciones de la sociedad civil tuvieron que abrirse espacios y exigir permanentemente que se consideraran sus propuestas. Incluso hubo que considerar, en diversos momentos del proceso, la posibilidad de abandonarlo.

Al término de la segunda fase de la Cumbre, paradójicamente, es significativo ver que diversas delegaciones oficiales, tanto de países europeos como latinoamericanos, incorporaron a miembros de la sociedad civil. Ello amerita un análisis crítico y plantea desafíos puntuales.

Orígenes de la CMSI

El término “sociedad de la información” surgió en un contexto global particular y se le asignó un significado acorde a agendas políticas específicas. Los primeros planteamientos sobre la sociedad de la información, en los años 70 e inicio de los 80, sostenían que los nuevos medios electrónicos eran inherentemente democráticos y que la infraestructura de telecomunicaciones debía ser manejada como un bien común.

UNESCO era probablemente el único cuerpo de Naciones Unidas con capacidad de facilitar, impulsar y liderar el debate alrededor de los medios y la comunicación y los diversos aspectos asociados. Conformó grupos de expertos y auspició el desarrollo de documentos temáticos así como la formulación de políticas nacionales de comunicación. La creación de la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación fue parte de ese proceso, así como la publicación, a inicios de los 80, de su notable informe, conocido como el informe MacBride, que fue crucial en la definición del debate sobre las sociedades de la comunicación y el conocimiento y actuó de marco para el Nuevo Orden Mundial en Información y Comunicación (NOMIC).

Sin embargo, no mucho más tarde, la influencia de Estados Unidos y algunos países de Europa marcó una variación radical en dichos planteamientos. Se puso al mercado en el centro de la 'nueva sociedad' y al sector privado y corporativo como el actor fundamental para el manejo y control de la misma, con la idea de que las innovaciones tecnológicas resolverían los problemas sociales. Los mecanismos de generación de ganancias y acumulación de riqueza y poder, independientemente del impacto de ese modelo tecnológico en el desarrollo social, se fueron consolidando y asumiendo nuevas formas. Las políticas de privatización y liberalización de las telecomunicaciones, adoptadas durante la década del 90, son solo una expresión de ello.

Para finales de los 90, los paradigmas políticos y económicos prácticamente se instalaron. Una consecuencia de ello es lo hoy que conocemos como industria de la información.

En esta época se plantea al interior de la UIT la idea de celebrar una Cumbre sobre la sociedad de la información y diversos organismos especializados de Naciones Unidas expresan su interés en asociarse para la preparación y celebración de la Cumbre. La visión que prima en la CMSI y que está profundamente vinculada con los procesos de globalización, es que hay un modelo único de sociedad, conducido por el sector privado, en el que los gobiernos y las instituciones globales asumen el papel de asegurar un ambiente político, regulatorio y legal propicio para la privatización y la liberalización.

La guerra que le hizo Estados Unidos, junto con la industria de los medios, a UNESCO tuvo un impacto severo. Entre 1984 y 1985, Estados Unidos y el Reino Unido se retiraron de la UNESCO en rechazo al NOMIC y a la posición de ese organismo sobre el multilateralismo. El debilitamiento de UNESCO tuvo sus resultados: en el plan para el período 1990-1995, apenas si se menciona el NOMIC y se reinstala la doctrina del 'libre flujo' de la información. El hecho de que este cuerpo de Naciones Unidas no asumiera el liderazgo y organización de la Cumbre puede ser entendido también como un resultado de su debilitamiento.

Con las premisas mencionadas, era entendible que la UIT asumiera el rol de liderazgo en la organización y definición de la Cumbre, una vez que su mandato es el de promover la extensión de las infraestructura de telecomunicaciones (lograr el acceso universal a las TIC) y que tiene como miembros a las empresas privadas más poderosas del sector. Varios sostienen que la CMSI fue la oportunidad perfecta para que la UIT se posicionara en la vanguardia luego de años de estar en la retarguardia en lo que tiene que ver con el proceso de liberalización y el influjo del paradigma de mercado en las telecomunicaciones, fomentado por la Organización Mundial de Comercio (OMC).

La CMSI arrancó entonces, en 2002, circundada por un determinado paradigma de sociedad de la información y marcada inevitablemente además por las secuelas de la crisis de las empresas de telecomunicaciones y las estrategias antiterroristas planteadas por los Estados Unidos luego de los ataques a las Torres Gemelas en Nueva York y al Pentágono en Washington.

Pero, alrededor del término “sociedad de la información” se han acuñado muchos otros. Quizás el más desgastado es el de “brecha digital” que ha sido apropiado por la Cumbre sin un reconocimiento serio de que se trata de una expresión más sofisticada y compleja de disparidades e inequidades sociales y económicas estructurales. Resulta paradójico que la gran preocupación de los actores gubernamentales y de Naciones Unidas que participaron en la Cumbre fuera definir estrategias efectivas para la reducción de la brecha digital.

Con esos antecedentes y conociendo de antemano el contexto en el que se planteó la Cumbre, ¿cuáles fueron las motivaciones de diversas organizaciones y grupos de sociedad civil para involucrarse en el proceso y por qué optaron por hacerlo? Hay varias respuestas. Nos centraremos en esta oportunidad en las relativas al NOMIC y el Informe MacBride.

La participación de la sociedad civil en la CMSI y sus antecedentes en el NOMIC

Para hablar de la participación de sociedad civil en la Cumbre, vale la pena mencionar algunos antecedentes. Estos tienen que ver, precisamente, con los debates y tendencias de la sociedad de la información y la de la comunicación que se sostienen desde hace más de tres décadas. Dar una mirada a estas tendencias, su surgimiento y evolución, facilita el entendimiento de las razones por las que se planteó la realización de la Cumbre y cómo en ella convergen éstas tendencias. Adicionalmente, permite comprender algunos motivos de la participación de organizaciones, grupos y miembros de la sociedad civil en el proceso.

Sin querer polarizar de manera simplista y reducir la complejidad de los debates que por años se han sostenido, se podría decir que en la CMSI convergieron dos tendencias con marcadas diferencias: por un lado, la concepción de una sociedad de la información surgida de las agendas y modelos de desarrollo neoliberales que favorece a grupos económicos grandes y otorga al mercado un lugar preponderante; por otro, la concepción de sociedades de la comunicación y el conocimiento, que ubican a las personas y los derechos humanos en su centro.

Cabe señalar que en el contexto de la Cumbre, ésta última tendencia implicó también la convergencia de múltiples, distintas y hasta opuestas visiones dentro de la misma sociedad civil participante (2) que sin embargo abrió posibilidades interesantes de reflexión y construcción colectiva de propuestas consensuadas, pero también sentó condiciones para participaciones protagónicas sin el respaldo de representaciones legítimas.

La Cumbre abrió la posibilidad de retomar articuladamente los debates surgidos a raíz del Informe MacBride desde aspectos relacionados con la concentración de los medios, el desequilibrio en el flujo de información entre el Norte y el Sur, y la erosión de la identidad cultural, entre otros. En consonancia con lo anterior, una de las motivaciones fundamentales de la sociedad civil fue abogar por el enfoque de las sociedades de la comunicación y el conocimiento desde una perspectiva de derechos humanos, abarcando una variedad de aspectos relacionados con la información, la comunicación, el conocimiento y las TIC. El planteamiento central fue que la comunicación y la información son inseparables y deben ser entendidas como un todo y como un proceso con implicaciones sociales, políticas, económicas y culturales. La información, bajo esa lupa, es concebida como un derecho y el conocimiento como un bien colectivo, en lugar de como mercancías.

En gran medida, los orígenes de ese debate se remontan al NOMIC y tienen gran sustento en el reconocimiento por parte de distintos países, tanto pobres como ricos, del rol de los medios y la comunicación en la configuración política, económica, social y cultural a nivel nacional, regional y global.

Una de las lecciones más importantes que dejó el movimiento del NOMIC fue la importancia de la democratización de los medios y la comunicación por sobre los esfuerzos de los gobiernos e industrias por crear nuevos órdenes mundiales. En la CMSI se reflejan los frutos de las discusiones que diversas organizaciones y grupos de la sociedad civil, especialmente periodistas y académicos, continuaron sosteniendo formalmente en la mesa redonda MacBride, que se reunió anualmente desde 1989 hasta 1999.

A raíz de ese proceso, un número creciente de ONGs y otros grupos de sociedad civil comenzaron por su parte a cuestionar las tendencias con relación a los medios, el conocimiento, la comunicación y la información, las TIC. Los años 90 marcan por tanto el surgimiento de diversas formas de activisimo, de coaliciones y redes importantes alrededor de la comunicación, como la Plataforma por la Democratización de la Comunicación y la Carta de Comunicación de los Pueblos, que inspira la creación de la Campaña CRIS (Communication Rights in the Information Society) (3), el movimiento de las comunidades de software libre, el de telecentros, los medios independientes y alternativos, entre otros.

Diversas organizaciones y gurpos, en el marco de la CMSI, retoman los postulados y recomendaciones del NOMIC, con la intención de hacer frente a la tendencia y visión mercantilista de la sociedad de la información e impulsar una alternativa. En ese sentido, la Cumbre fue y es tomada por la sociedad civil como una oportunidad para la recuperación de un debate histórico esencial; para el encuentro de diferentes organizaciones y grupos que tuvieron la posibilidad de discutir, interactuar y propiciar la sensibilización y movilización en torno de los aspectos primordiales que definen las formas sociales, políticas, económicas y culturales de esta era, a distintos niveles. Además, fue parte de la agenda de sociedad civil influir en los documentos oficiales.

Es válido afirmar que la sociedad civil participante en la Cumbre asumió con creatividad y con un alto nivel de compromiso, aunque no siempre con efectividad, la organización de sus espacios de trabajo, la conformación de su debate interno y el planteamiento de estrategias de interacción con el proceso oficial.

El no funcionamiento práctico del esquema multisectorial y la ausencia de mecanismos claros de participación e inclusión llevó a la sociedad civil a reflejar sus visiones y propuestas en su propia declaración al final de la primera fase (4). Al término de la segunda, la sociedad civil está preparando un nuevo documento de consenso que será difundido en el corto plazo.

El trabajo de cabildeo intenso en las esferas oficiales, así como la producción de los documentos propios, no se habrían logrado sin un proceso intenso de discusión, análisis y consenso entre los distintos grupos temáticos y regionales que se constituyeron.

A pesar de los niveles significativamente altos de articulación que logró la sociedad civil en la primera fase de la Cumbre, la situación para el primer período de la segunda fase fue distinta. Por un lado, el tema de derechos humanos surgió como una preocupación central. El hecho de que el proceso de la Cumbre terminara en Túnez desató temores fundados en las violaciones a los derechos humanos y la libertad de expresión por parte del gobierno de ese país, así como los obstáculos para el ingreso de delegaciones de activistas humanitarios. Por otro lado, diversas organizaciones decidieron cambiar sus prioridades de acción y trabajo participando, aportando y orientándose hacia otros procesos relevantes de gobernabilidad regional y global, como los de la OMC, la OMPI, los acuerdos regionales de apertura de mercado, los foros sociales regionales, la Convención para la Protección de la Diversidad de Contenidos Culturales y Expresiones Artísticas impulsada por UNESCO, la Cumbre Mundial de Ciudades y Autoridades Locales sobre la Sociedad de la Información, etc. Otras optaron por concentrar sus esfuerzos en los ámbitos nacionales.

En la medida que se acercaba la realización de la Cumbre en Túnez, un grupo significativo de organizaciones retomaron su actividad y renovaron su liderazgo, facilitando la articulación sobre bases mínimas de consenso, particularmente en lo relacionado con las negociaciones sobre la gobernanza de internet y los mecanismos de financiamiento de TIC para el desarrollo.

Las prioridades de participación de diversas organizaciones de la sociedad civil en Túnez se centraron fundamentalmente en tres aspectos centrales:

- Contribuir puntualmente en el debate y decisiones sobre gobernanza de internet y mecanismos de financiamiento de TIC para el desarrollo.

- Facilitar el involucramiento de los actores de sociedad civil en los procesos de políticas de TIC a nivel global, regional y nacional, en la fase posterior a la Cumbre.

- Abogar por el reconocimiento de la importancia de los derechos humanos en la sociedad de la información y prestar solidaridad a las organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos y ciudadanas de Túnez.

Para concluir, es preciso mencionar la necesidad de evaluar la noción de representatividad al reflexionar sobre la participación de la sociedad civil en la CMSI. Se puede decir que las organizaciones y grupos que estuvieron activos en el proceso no representan directamente a las comunidades o a ciudadanos/as individuales, pero su trabajo coadyuvó a asegurar un rango más amplio de voces, opiniones, demandas, enfoques y perspectivas.

Roles de sociedad civil y desafíos para la construcción de sociedades de la información y el conocimiento

La culminación de la CMSI es solo el inicio de otro proceso, más complejo y de más largo aliento. Se trata de la activación de procesos nacionales, tomando como oportunidad el diálogo, debate y colaboración con los gobiernos que la Cumbre hizo relativamente posible. Se trata, por tanto, de establecer los vínculos entre lo local, lo nacional y lo global. En definitiva, se trata de fortalecer el trabajo político en los ámbitos nacionales y regionales alrededor de la información, la comunicación y las TIC, y de asegurar que los gobiernos escuchen las voces que tradicionalmente han ignorado. La eventual concreción de las buenas intenciones de Ginebra y Túnez dependerá de la acción de las distintas partes interesadas y la colaboración entre ellas.

La sociedad civil se ve enfrentada a múltiples desafíos para asegurar las condiciones que apunten a la conformación de sociedades de la información y el conocimiento equitativas, inclusivas y participativas. Estos tienen que ver con su capacidad y poder de organización, colaboración, creación, innovación y propuesta para el cambio social efectivo y real, a través de la búsqueda de las soluciones más adecuadas para sus problemas y necesidades, así como de su fortalecimiento como actores capaces de incidir en los procesos de políticas públicas y en las esferas de discusión y decisión política regionales y globales.

A continuación, se esbozan algunos de los principales desafíos que atañen a la sociedad civil en cuanto a asegurar condiciones para la apropiación social de las TIC en la perspectiva de reducir la pobreza y lograr el desarrollo sostenible:

• Sensibilizar sobre la importancia de la información, la comunicación y las TIC para el desarrollo de los países.
• Sensibilizar sobre los impactos negativos de la globalización y de las decisiones políticas relacionadas con la sociedad de la información y el conocimiento.
• Estimular y facilitar la generación de capacidades y conocimiento en las comunidades y la ciudadanía en general para el fortalecimiento de los procesos de comunicación e información a través del uso de las TIC.
• Desarrollar y mejorar sus capacidades para la participación e incidencia efectiva en los procesos de política nacional, regional y global.
• Construir y fortalecer alianzas con los gobiernos y el sector privado.
• Impulsar las capacidades empresariales y emprendedoras de las comunidades y grupos de base.
• Propiciar constantemente el debate y la reflexión crítica sobre la configuración de las dinámicas de información y comunicación y de la sociedad de la información y el conocimiento.
• Monitorear los marcos legales y regulatorios de la sociedad de la información.
• Diseñar estrategias y propuestas de políticas de información, comunicación, TIC y sociedad de la información y el conocimiento, apuntando a construir una agenda social de incidencia en la materia.
• Facilitar la producción de contenidos locales relevantes y acordes a las particularidades de los diversos grupos sociales.
• Desarrollar nuevas aplicaciones tecnológicas que respondan a las demandas locales.
• Establecer alianzas con universidades y centros de investigación que, a través de enfoques multidisciplinarios, den cuenta de los impactos sociales, económicos, políticos y culturales de la sociedad de la información y definan pautas para el diseño de políticas públicas de información, comunicación y TIC y se orienten a la construcción de indicadores cualitativos e índices.
• Buscar articulación con otros movimientos sociales
• Sistematizar y difundir lecciones aprendidas en cuanto al uso de las aplicaciones de TIC.
• Propiciar la participación de mujeres en actividades y procesos relacionados con la información, la comunicación y las TIC.
• Ganar experiencia en otros procesos de gobernanza y política global que tienen relación con la información, la comunicación y las TIC, como los de la OMC, la UIT, OMPI, el ICANN.
• Trabajar democráticamente en la construcción de mecanismos de incidencia en el diseño e implementación de políticas públicas centradas en los derechos humanos.
• Avanzar en el desarrollo y fortalecimiento de redes, de nuevas formas de colaboración a nivel local, nacional, regional y global.

Es fundamental que la sociedad civil de seguimiento cercano a las acciones de los gobiernos y las instituciones internacionales que facilitarán la implementación de los acuerdos de la CMSI, particularmente en los ámbitos regionales (como la CEPAL para el caso de América Latina y el Caribe) y la participación activa en los espacios de diálogo y acción que se proyectan, como los grupos de trabajo regionales que establece el Plan de Acción Regional para la sociedad de la información, eLAC2007 (5) y, en lo relacionado con lo global, el foro de gobernanza de internet.

Algunos elementos conclusivos

A pesar de las serias dificultades para la efectiva participación de la sociedad civil en el proceso de la Cumbre, hay, por un lado, resultados y lecciones aprendidas importantes y, por otro, pautas claras para trasladar el discurso global a la práctica local. Como se ha sostenido desde el inicio del proceso, la real ganancia de la CMSI está más allá de ella y de sus espacios formales.

A raíz del trabajo y debate suscitado en el contexto de la Cumbre, cada vez más organizaciones y miembros de sociedad civil están involucrándose en aspectos de políticas de TIC y están trasladando su experiencia y conocimiento a los ámbitos locales y nacionales. Es por ello que es importante enfocarse en las acciones priorizadas en a nivel nacional, enlazándolas con los principios establecidos en la declaración de sociedad civil para la CMSI.

Se hace necesario, además, retomar e impulsar el debate sobre los temas que conciernen a nuestros países en espacios distintos al de la Cumbre y recuperar las energías y el compromiso de articulación mostrados en el proceso. Es decir, extender el debate a una arena pública mucho más amplia. En ese sentido, se trata de abrir espacios para la rearticulación del debate y la definición de estrategias.

Estos procesos requerirán del fortalecimiento de las alianzas existentes y la generación de nuevas formas de colaboración, aprendizaje y construcción colectiva de capacidades en diversas áreas. Al hablar de alianzas, es preciso referirse no sólo a aquellas que deben construirse o fortalecerse entre las organizaciones de la sociedad civil, sino también a las que deben ser desarrolladas entre los distintos sectores sociales, de manera especial, con los gobiernos.

El gran desafío por delante está en la activación de procesos nacionales, en el impulso que se le de a iniciativas de sensibilización sobre la importancia e impacto de las políticas de TIC, y en la generación de condiciones y estrategias efectivas, democráticas y transparentes de incidencia y participación proactiva en los procesos de políticas de TIC y de comunicación, ya que al hacerlo se incidirá en la construcción del propio desarrollo.

Cabe señalar la importancia del aprendizaje a través de las experiencias de otras organizaciones y grupos y la inyección de renovados sentidos a las prácticas solidarias de trabajo colaborativo.

La CMSI se constituyó en una oportunidad para levantar voces a favor de la comprensión de la importancia ineludible de preservar y extender las propuestas alternativas en materia de información, libertad de expresión y conocimiento y derechos de la comunicación

Los retos están planteados. Nos queda por delante asumirlos.

NOTAS:

(1) http://www.itu.int/wsis

(2) “Si bien no existe una definición unámime del concepto de sociedad civil, este es sin embargo definido como un encuentro heterogéneo de grupos, redes y movimientos, con una miríada de puntos de vista y posiciones en casi todos los temas de la CMSI. Incluye representantes de ONGs 'profesionales' y de base, de movimientos sindicales, activistas de medios de comunicación comunitarios, grupos de interés de los medios de comunicación tradicionales y centrales, miembros del parlamento y gobiernos locales, la comunidad científica y académica, educadores/as, bibliotecarios/as, voluntarios/as, el movimiento de discapacitados, activistas juveniles, pueblos indígenas, 'grupos de reflexión', instituciones filantrópicas y activistas en pro de los derechos humanos, las comunicaciones y las reivindicaciones de género”.
Involucrando a la sociedad civil en las políticas de TIC: la Cumbre Mundial para la Sociedad de la Información, APC. http://www.apc.org/books/policy_wsis_ES.pdf

(3) http://www.crisinfo.org

(4) Declaración de la sociedad civil para la CMSI: Construir sociedades de la información que atiendan las necesidades humanas
http://www.apc.org/apps/img_upload/5ba65079e0c45cd29dfdb3e618dda731/WSISCSDec250204en.rtf

(5) http://www.cepal.org/socinfo/elac/
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