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Es necesario que los movimientos sociales reconozcan el valor de la comunicación - Entrevista con Arturo Bregaglio
Monitor TIC - ALC, 02/22/2006
APC – Hiciste un comentario sobre la guerra fría entre las redes de comunicación que no quedó claro durante el evento de presentación de la Campaña continental sobre los derechos de comunicación. ¿Podrías extenderte un poco sobre ese asunto y su relación con este foro?
Arturo Bregaglio - En la reunión de redes planteé algo que me parece un buen punto de conclusión, o de partida, y fue: terminemos con la etapa de la guerra fría entre las redes de comunicación y pasemos a una donde archivemos esta declaración de que hay que ponerse en red. No. Ya estamos en red, ya estamos enredados. Lo que hay que hacer ahora es una agenda común de comunicación, que no va a ser fácil discutirla porque entiendo que hay realidades nacionales y escenarios regionales diversos, con sus particularidades y que son todos válidos. Pero la pregunta debe surgir del desafío que tenemos por delante: quienes hegemonizan la comunicación también hacen esta misma reflexión de los escenarios diferentes, de las particularidades locales, de las modas de los países, y sin embargo son capaces de homogeneizar y largar un mensaje global para todos los países, de modo que todos bailen con la misma música. Nosotros tenemos ese ejemplo y no logramos enganchar una música, o un discurso, alternativos a los de esos medios hegemónicos. Yo creo que ese es el desafío: ver cómo hacemos nosotros para encontrar algo que es tan difícil de generar pero que los comunicadores estamos obligados a realizar. Se trata de crear un espectáculo para pensar. Si nosotros no logramos eso, los otros hacen un espectáculo para no pensar y nosotros debemos hacer lo contrario.
APC - ¿Qué perspectivas le ves al foro siempre desde el punto de vista de la comunicación y sobre todo de la posibilidad de generar esa propuesta?
AB - Tu pregunta es la parte más difícil, porque uno tendría que hacer un poco de futurología y decir como termina haciendo de toda esta ensalada un plato apetecible, y que todo el mundo lo pruebe, lo saboree y le parezca rico. Es difícil eso. Desde la comunicación yo entiendo que tenemos algunas ventajas porque lo que he podido notar en las redes que han participado hay mayor tolerancia, hay un buen grado de apertura, hay una decisión - por lo menos expresada en el discurso- de que solos no podemos molestar a nadie y que necesitamos conjugar dos signos aritméticos y erradicar los otros dos. De los cuatro factores aritméticos debemos sumar y multiplicar; los otros dos, restar y dividir, en lo posible, nunca más. Una cosa es decirlo y otra cosa es hacerlo, pero por ahí se empieza. Ahora hay que entrar es en el proceso psicológico de internalización de lo que uno dice hacia fuera, para poder hacerlo. Para eso me parecen útiles los compromisos escritos, los acuerdos firmados, y establecer términos de referencia muy claros entre las redes a fin de que el que no cumpla con esos acuerdos se haga cargo de sus irresponsabilidades e inmadureces.
APC - ¿Por qué te parece tan difícil involucrar en estos temas a los movimientos sociales que no están directamente ligados a la comunicación y creen no tener nada que ver con la comunicación? Me refiero a los grupos que trabajan con otros derechos humanos, género, minorías, etc.
AB - Voy a decir algo que me va a generar muchas antipatías. Una incorrección política. Respeto todas las ideas, respeto todos los planteos, pero he visto cosas inconcebibles. Lo que planteaban Lenin, Trostky, Stalin y Mao no era todo lo mismo, aunque ahora los pongan a todos juntos en una gran banderola. Estos tipos discutieron muchísimo durante muchos años y a algunos los mandaron matar. Trostky no murió de muerte natural y eso es la historia, yo no estoy inventando un cuentito acá. Estoy relatando lo que ha sido la historia de la izquierda a nivel mundial. Esto de que pronto aparezcan cinco o seis pensadores y que la gente en el siglo XXI inventa que todos piensan y dicen lo mismo, eso es un disparate. Yo creo que es grave. Porque es muy difícil construir, lleva años, lleva esfuerzos enormes. En cambio, la destrucción lleva cinco minutos, creo que ahí está el eje diferenciador entre dos planteos políticos de izquierda, aparentemente iguales.
APC – Pero nunca contestaste a mi pregunta…
AB - Hay un tema que siempre se ha planteado y que se ha rescatado y que no son más que dos palabritas: procesos e identidades. Yo creo que ambas cosas son muy respetables. Pero me preocupa cuando los procesos son inagotables y pasan las décadas y los procesos no terminan de mostrar resultados; y también me preocupa cuando la identidad no se convierte en algo que te diferencia del otro, sino en algo que se ejerce como soberbia de la identidad. Yo creo que estas dos cosas hay que ponerlas en otros planos y no intentar diferenciarse para ocupar un lugar en una tribuna, para poner distancia entre las identidades. Al contrario, deberían ser procesos convergentes donde la sumatoria de las identidades nos permitiera decir, en este mundo globalizado, que todos estamos trabajando para hacer un hogar común. Sin embargo, son cada vez hogares más fragmentados, más repartidos, y en esto gana solamente el poder hegemónico; le facilitamos la tarea al poder hegemónico si aún no nos hemos dado cuenta de ello.
APC - ¿Y no te parece que eso es, precisamente, parte de un proceso natural? Para diferenciarte tenés que pasar por una etapa de enfrentamiento con lo otro, lo diferente, y recién después llegás a saber quien sos, entonces podés reconocer al otro como tal y aceptar la complementariedad.
AB – Eso es cierto. El tema es que quizá no nos reconocemos porque el sistema nos enseñó a no ser capaces de reconocernos, y no por falta de capacidades propias. En eso deberíamos ser más inteligentes para darnos cuenta de que, ¿qué importa si vos sos blanca y yo soy negrego? Si pudiéramos pasar eso por alto, quizá podríamos encontrar una cantidad de variantes que no tienen por qué separarnos, al contrario. Esta idea no es algo genuino, nacido de los sectores progresistas; esto fue algo que vino de afuera, se instaló en nuestras sociedades y allí nos quedamos mirando y mirándonos sin poder reconocernos. Galeano tiene muy trabajado este asunto y lo ha planteado como el miedo a reconocernos, a saber que a pesar de ser diferentes podemos hacer cosas juntos. Hay que tener coraje y esperanza para cambiar esta manera de pensar y derrotar a ese miedo global que nos paraliza y nos impide hacer cosas juntos.
Hay una larga discusión en el tema de la comunicación acerca de si es transversal, o instrumental, si tiene carácter de ciencia o si es algo que cualquiera puede hacer. Así encontramos a muchas instituciones, organizaciones sociales, donde se juntan tres personas, redactan un comunicado y eso es comunicación. Yo creo que acá hay que revisar muchísimo y reconocer el valor que tiene la comunicación, no digo que sea ni mejor ni peor, pero tiene un valor propio, igual que cualquier otra disciplina. A nadie se le ocurre espontáneamente hacer medicina o ingeniería, si no, tendríamos muchísimos muertos y edificios derrumbados. Pero a mucha gente se le ocurre espontáneamente hacer comunicación. Yo no estoy planteando una pretensión de exclusividad, de dejar la comunicación para los comunicadores, porque en cada ser humano también hay un comunicador de sus cosas, pero me parece que la falta de rigurosidad y de tratamiento del tema excede las capacidades de las instituciones y movimientos sociales. Y deberían replantearse que ha llegado la hora de discutir esto con mayor seriedad, con mayor rigurosidad, y ver que en un mundo global donde uno de los ejes de dominación es la comunicación, uno de los ejes contrahegemónicos debería ser otra comunicación.
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